1 de febrero de 2026
Por: Benjamín Malamud Lerner
HACE YA DE ESTO BASTANTE TIEMPO, PERO POR SU PARTICULARIDAD O SINGULARIDAD, SI SE QUIERE, HE PENSADO, QUE, EN ESTAS ÉPOCAS, DONDE LAS PALABRAS HAN PERDIDO LA BATALLA COMUNICATIVA ANTE LAS IMÁGENES, EMOTICONES, EMOJIS Y OTRAS YERBAS. SERÍA APROPIADO DAR A CONOCER, ESTA EXPERIENCIA VIVIDA, QUE NO PUEDO OLVIDAR.
Benjamin Malamud: Recibo una llamada por el celular, no recuerdo quién fue la persona que lo hizo, no afecta lo esencial de este relato, pero puede haber sido la esposa de DH, un joven y muy acreditado Arquitecto; hijo de otros dos queridos y respetados profesionales de esa disciplina (a quienes asimismo acompañamos como pediatras en los cuidados de sus hijos) y también traté con DH, como padre de un hermoso niño.
Su señora, a quien conocí primero como una muy valorada secretaria a nivel del ejecutivo municipal de la época, especialmente apreciada, por quienes requieren de su intermediación, ante trámites burocráticos. Más tarde, la traté como una excelente madre y en el momento de la llamada, como señalé, como la fiel compañera de DH.
Me pedía concurrir a su domicilio, porque DH quería conversar conmigo, sin dar más detalles sobre los motivos de esa invitación. Pregunto durante esa comunicación, cómo evoluciona la salud de DH, teniendo conocimiento de la grave dolencia que lo afectaba, y me responde, que se habían agotado todos los esfuerzos terapéuticos, quizás no hayan sido esas las palabras, exactamente.
Acordamos el encuentro que fue ese mismo día, en la vivienda familiar, a la que concurrí pensando, que no sería en mi calidad de su Pediatra, ya que no lo atendía desde hace bastante tiempo, además de no ser experto en oncohematología; ni por la salud su pequeño, ya que me hubiese consultado directamente la madre. Había que esperar la entrevista para acceder al verdadero motivo, que seguramente, se esclarecería pronto.
Cuando llego, me reciben sus familiares y otro invitado más por DH. Éramos entonces dos quienes había elegido para conversar en momentos en que la esperanza de sobrevivir a un mal, hasta ese momento incurable, era imposible. Procuro como casi todos los médicos, estar al día, en lo posible con los avances científicos, especialmente en inmunología, que se vienen dando, incluso de nuestros científicos del CONICET, algunos candidatos al Nobel por los avances en el conocimiento de una molécula, clave, en su tratamiento.
Ningún avance científico, le quita méritos al rol del humanismo, en las prácticas médicas, al factor espiritual, o a lo anímico, emocional o ético. No solo por lo paliativo. Todos y muchos más, productos de tradiciones, culturas, creencias, costumbres, o modas, rondan nuestras íntimas decisiones y qué decir entonces de la fe que se ha cultivado, con o sin rituales religiosos. Toda la familia de DH era muy católica.
Me encuentro entonces, esperando el encuentro, con mi querido amigo y compañero de trabajo en el Hospital Regional de La Falda, el Cura Párroco Ramón Sánchez. Nos abrazamos, plenos de emoción e infinita tristeza, él sabiendo claramente a que lo llamaban y yo aún, ignorándolo. El pasó primero a cumplir con ese ritual, que he podido observar, justamente en la vida hospitalaria, no solo con el Padre Ramón, sino también con sacerdotes de Valle Hermoso o Huerta Grande.
Finalmente ingreso a su habitación y el saludo afectuoso de llegada, emergente de ese empalidecido bello rostro de mi ex paciente, invita a guardar las palabras, muchas veces inadecuadas que no pocas veces uno usa, especialmente quien escribe, en tan duras circunstancias. Me siento junto a su lecho y entonces llega la tan esperada explicación de por qué me había convocado.
Resulta que cuando se desarrolló la Convención Constituyente de La Falda, por la nueva Carta Orgánica, (CCCOLF) siendo yo un Convencional Electo por el FREPASO, y su padre por otra fuerza política, tuvimos una sesión de trabajo con el área de Obras Públicas. Durante ese encuentro, yo expresé la necesidad de una planificación del tránsito vehicular y humano, a nivel del área urbana de la Ciudad. Estábamos preocupados en CIPLA (Comisión Intersectorial, de Prevención de Lesiones Accidentales), por una alta incidencia de siniestros viales, muchos evitables por medidas preventivas, como reductores de velocidad y programas de Educación Vial.
Fue en ese contexto, que DH se me acercó para decirme que el intentaría avanzar en esa renovada planificación, y fue ese contacto, lo justamente breve cronológicamente, pero trascendental desde la temporalidad humana, donde DH guardó un compromiso íntimo, que puso en marcha, el tiempo que duró su gestión y su salud. Yo confieso, que dentro de la inmensa cantidad de información y de preparación para intervenciones y propuestas, en esa CCCOLF, ese encuentro, se fue borrando de la memoria. No de la de DH, donde su cultura, su educación y sus convicciones, lo impregnaron profundamente del valor de la palabra, del compromiso informal, pero para él formal, asumido, ante su ex médico y luego por un tiempo, de su hijo. La mente humana, prefiere olvidar o adormecer ciertos recuerdos, o algunas eventualidades dolorosas, como un recurso de protección natural de la salud mental. Mucho se ha borrado, le esencial,no. Su ejemplo de calidad humana debe trascender y es lo que he procurado.
Si esta historia, ayuda a entender el valor de lo humano ante lo monetario o material, quizás, algún funcionario ayude a los faldenses a hacer a La Falda, una Ciudad más segura y saludable. Y si llegara a algún joven investigador universitario, a no ceder ante los ajustes al desarrollo de la ciencia, especialmente biológica, en procura de esas curas que día a día avanzan, y para algunos como DH, tardaron en llegar.