A principios de este 2026, ha concentrado las miradas (opuestas algunas) sobre el popularmente conocido como Cerro “La Banderita”. Al declarar las autoridades municipales de La Falda que esa zona estaba fuera de su ejido, a la vez que se conocía que tenía propietarios particulares, una de las preguntas más frecuentes fue: ¿desde cuándo dicho cerro tuvo dueños? . Quizás, el aporte histórico puede ayudar a clarificar confusiones, con la advertencia previa que esta no es la verdad absoluta, dada las escasas fuentes informativas.
El cordón montañoso conocido como Sierra Chicas es uno de los tres más importantes de la Provincia de Córdoba, con cerros conocidos como el Uritorco, Pan de Azúcar. Entre ellos, el que nos ocupa, como todo el cordón, tiene su ladera este hacia el Departamento Colón y hacia el oeste, el Departamento Punilla. Ambas jurisdicciones administrativas crecieron en importancia (demográfica, económica) desde fines del siglo XIX. Uno de los factores que permitió el mejor conocimiento de Punilla, en un contexto de inversiones capitalistas, fue el del turismo, por el lado muy sensible de la salud: las condiciones climáticas favorables para la recuperación de enfermedades respiratorias.
Para no agobiar al lector, diremos que en el año 1887, Juan Bialet Massé compró y realizó mensura judicial la Estancia La Falda, cambiando su nombre por el de “Zulema”. Quizás por la especulación y posterior crisis de 1890 en nuestro país, dichas tierras pasaron por diferentes manos; hacia 1895 (Censo Nacional) se observa uso de la tierra por privados y arrendatarios con cabezas de ganado vacuno, equino y animales de granja, en escasa cantidad. Otro factor de expansión fue la habilitación del tramo ferroviario Córdoba-Cruz del Eje en 1892. El llamado “progreso” se hacía presente en esta zona…
A mediados de 1897, el experimentado empresario en el ramo de hotelería, Roberto Bahlcke, compra la estancia La Falda (900 has), ampliando en días posteriores con adquisiciones menores hacia las vías del ferrocarril (cuya parada más cercana era la localidad de Huerta Grande). Su agudeza y rapidez comercial hace que las tierras por él compradas tengan como objetivo principal la construcción de un gran hotel, el que comienza recibir visitantes desde enero 1898. Su plan se vería reforzado con la conformación de una Sociedad Comandita por Acciones (donde el nombre de la Compañía Ernesto Torquinst fue fundamental por sus inversiones en la prometedora Mar del Plata y otras); sin embargo, no todo fue bien como se pensó por dificultades económicas. Para 1905, se hizo cargo de la Estancia La Falda y el Eden Hotel, una de sus impulsoras más fervientes: la Sra María Herbert de Krautner, la que regenteó exitosamente el negocio hasta mayo de 1912, cuando vendió a los hermanos Eichhorn (Walter y Bruno) el total de la propiedad (estancia y hotel).
La Sociedad Eichhorn Hnos, con experiencia y contactos bancarios, pese al contexto de Primera Guerra Mundial, ampliaron el negocio hotelero, con ventas de lotes a particulares, generando, como en otras localidades de Punilla (Valle Hermoso, Huerta Grande, La Cumbre, Los Cocos, Capilla del Monte) la construcción de residencias veraniegas de la alta burguesía de Rosario, Buenos Aires y extranjeros. Asimismo, la atracción por el clima saludable, hizo que además del ferrocarril, surgieran nuevos caminos , así como telefonía, telégrafo, electricidad, correos, y una gran variedad de oficios ligados al turismo.
El movimiento creciente de La Falda, con su mayor hotel, el Eden y su estancia La Falda (desde 1934 convertidos en Sociedad Anónima “Eden La Falda” ) impulsó a muchos particulares a realizar inversiones en balnearios, urbanización para diferentes sectores sociales, con sus barrios diferenciados. Nuevamente, el contexto internacional (Segunda Guerra Mundial: 1939-1945) y notables cambios políticos nacionales y provinciales, modificaron, en parte, el rumbo de un turismo disfrutado por la alta burguesía y naciente clase media hacia un turismo social para goce de obreros y empleados (sindicatos que compraron hoteles privados o construyeron los propios). Hacia mitad del siglo XX algo había cambiado y el turismo cambió su perfil tradicional, impactando en otros aspectos.
Este periódico digital ha logrado obtener puntualmente lo siguiente: cuando declina el prestigio y capacidad de servicio del Eden Hotel (hacia 1945-1950), los miembros de la mencionada S. A., siendo presidente Walter Eichhorn, el 10 de junio de 1957, deciden la traslación de dominio y venta de casi 501 hectáreas, como parte de una venta mayor, de la Estancia La Falda al Sr. Amato De Maio, italiano, industrial, con domicilio en la provincia de Buenos Aires. La escrituración se realizó el 22 de junio de 1957 con su correspondiente protocolización. Como muchos ya saben, el Eden Hotel tuvo su agonía, final y resurrección por parte de la población de La Falda, para convertirlo en un bien municipal. Hoy en concesión a un particular.
Por lo que sabe por recientes declaraciones periodísticas en diversos medios locales, los propietarios de Estancia La Falda, donaron a la Municipalidad y a la Cooperativa de Agua, una toma ubicada en el Chorrito para bien público (1979). Tuvo y tiene arrendatarios en el Cerro La Banderita, así como visitas de ascenso de pobladores de la zona y turistas. Nuevas modalidades de turismo de perfil deportivo, vida sana, y también competitivo para grupos de alto poder adquisitivo, etc. atrajeron en los últimos años mayor afluencia de personas, con el consiguiente riesgo de la zona y la necesidad de prevenir accidentes, brindar mejor servicio….
Se pretendió, con este breve escrito, hacer un recorrido de la tenencia en manos privadas de la Estancia La Falda (que contiene al Cerro La Banderita) en diferentes momentos históricos. Es importante traer a la memoria, que en una oportunidad, y a propósito de una charla polémica de un escritor sobre el pasado nazi del Eden Hotel, el recordado periodista Nicolás Heredia, señaló la avidez y necesidad por conocer nuestro pasado local para responder interrogantes del presente. Historia como construcción social, como desafío permanente, al servicio de la comunidad.
Profesor Rubén Rubio