26 de enero 2026
Por: Rubén Rubio
San José Gabriel del Rosario Brochero nació en los aledaños de Santa Rosa de Río Primero, Córdoba, el 16 de
marzo de 1840. Era el cuarto de 10 hermanos, que vivían de las tareas rurales de su padre. Creció en el seno
de una familia de profunda vida cristiana. Ingresó al Colegio Seminario Nuestra Señora de Loreto el 5 de
marzo de 1856 y fue ordenado sacerdote el 4 de noviembre de 1866. Desempeñó su ministerio sacerdotal
durante la epidemia de cólera que desvastó Córdoba. A fines de 1869 asumió su extenso Curato de San
Alberto, de 4.336 kilómetros cuadrados, con poco más de 10.000 habitantes que vivían en lugares distantes,
sin caminos y sin escuelas, incomunicados por las Sierras Grandes de más de 2.000 metros de altura. El
estado moral y la indigencia material de sus habitantes eran lamentables. El corazón apostólico de Brochero
no se desanimó, sino que desde ese momento dedicó su vida toda no sólo a llevar el Evangelio sino a educar
y promocionar a sus habitantes. En 1870 comenzó a llevar a hombres y mujeres a Córdoba, para hacer los
Ejercicios Espirituales. Recorrer los 200 km. requería tres días a lomo de mula, con una caravana de
quinientas personas. Al regresar, luego de nueve días de silencio, oración y penitencia, sus feligreses iban
cambiando de vida, seguían el Evangelio y buscaban el desarrollo de la zona. En dos años, con sus feligreses,
construyó la Casa de Ejercicios de Villa del Tránsito, localidad que hoy lleva su nombre. Fue inaugurada en
1877 con tandas que superaron las 700 personas, pasando por la misma, durante el Ministerio parroquial del
hoy San Brochero, más de 70.000 personas. También construyó la casa para las religiosas, el Colegio de niñas
y la residencia para los sacerdotes. Este colegio de niñas era especialmente para las más jóvenes y pobres;
era muy frecuente en la época llevar adolescentes a la ciudad capital como “chinitas” para servicio
doméstico, y en varias ocasiones para el debut sexual de los niños bien citadinos. Brochero, trató siempre de
impedir esto, lo que hoy llamamos “trata de personas”. Construyó más de 200 kilómetros de caminos y
varias iglesias, fundó pueblos y se preocupó por la educación de todos. Solicitó ante las autoridades y obtuvo
mensajerías, oficinas de correo y estafetas telegráficas. Proyectó el ramal ferroviario que atravesaría el Valle
de Traslasierra uniendo Villa Dolores y Soto para sacar a sus queridos serranos del "abandono de todos, pero
no de Dios", como solía repetir (proyecto no concreta por los gobiernos nacionales/provinciales). Predicó el
Evangelio asumiendo el lenguaje de sus feligreses para hacerlo comprensible a sus oyentes. Celebró los
sacramentos, llevando siempre lo necesario para la Misa en su mula. Ningún enfermo quedaba sin los
sacramentos, para lo cual ni la lluvia ni el frío lo detenían. "El diablo no me va robar un alma", decía. Se
entregó por entero, especialmente a los pobres y alejados, a quienes buscó para acercarlos a Dios. Días
después de su muerte, un diario no católico de Córdoba escribe: "El Cura Brochero contrajo la enfermedad
que lo ha llevado a la tumba, porque visitaba largo y hasta abrazaba a un leproso abandonado por ahí".
Debido a su enfermedad renunció al Curato. Murió leproso y ciego el 26 de enero de 1914.
Brochero fue un hombre de fe. Vivió gozosamente el Misterio cristiano. Y vivió la alegría de su Sacerdocio.
Solamente así se puede entender su vida y su ministerio sacerdotal. Gracias a su fe, "enamorado" del Señor
y sus feligreses ("amorosos", los llama en una de sus cartas), su entrega fue total, permanente y alegre. Su
vida de fe se nutrió de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, la Misa diaria, aún en sus largos viajes, y en
su pieza de enfermo, su Rosario, el Breviario que llevaba a la cintura, según testigos, y que rezaba
diariamente. "Vivía según la fe", anota un testigo. De ahí su caridad pastoral y su muerte en cruz. En ella
encontró sostén y fortaleza en su larga enfermedad y, gracias a ella, él pudo decir antes de morir: "Yo me fío
de la Misericordia de Dios". Fue beatificado por su intercesión por el accidente cuasi mortal de un bebé, N.F.
(de Traslasierra, hoy de 27 años) en 2013 y canonizado en 2016 por el Papa Francisco. Se reconocen milagros
de Dios por su intercesión, los cuales están debidamente documentados. Es el primer santo argentino
nacido, con obra verificada y fallecido en nuestro país. Modelo de sacerdote.