Salud y Soberanía, unidos desde lo singular a lo plural

“… y los libres del mundo responden: al gran Pueblo Argentino Salud”.

Himno Nacional Argentino

Para los pediatras el mes de febrero es particularmente trascendente ya que es el momento en que muchas familias llevan a sus hijos a la consulta por el control anual de salud, una gran oportunidad ganada en bien del bienestar físico, mental y social de la niñez, un requisito solicitando por las autoridades educativas en todos los niveles. Pero en este febrero 2022 se da la particularidad en el que junto a las vacunas tradicionales del amplio programa de inmunizaciones implementado desde el año 2014, se le agrega la nueva vacuna anticovid 19, que ha llegado a una cobertura de solo el 54%. No obstante no ser obligatoria, ha determinado un descenso del intenso brote que desde los primeros días del año viene afectando tanto a niños como a adultos, provocado por la llegada de la variante Omicron.


Reitero lo que se conoce al respecto. 1) Las vacunas son seguras; 2) Disminuyen el riesgo de infectarse,enfermarse y de morir. 3) Reducen la circulación del virus y el riesgo de nuevas mutaciones. 4) Protegen contra el Síndrome Inflamatorio Multisistémico y 5) Promueven un ciclo lectivo presencial.

Al no ser las vacunas obligatorias, se respeta el principio ético de “la autonomía” del paciente y su familia, una cuestionable “soberanía” particular, donde la información o desinformación circulante o “infodemia”, han determinado que la mayoría de los niños más gravemente afectados por este brote, aquí y en todo el mundo, han sido los no vacunados. Todos los esfuerzos son pocos para revertir esa negativa tendencia.

Mas en este exitoso mes de febrero, desde el punto de vista de la recuperación de la industria turística tanto para La Falda como para gran parte de la Provincia y el país, no son pocas preocupaciones que develan a los ciudadanos conscientes de lo que podría acontecer luego de la firma por el Gobierno Nacional de las imposiciones que el FMI para el pago de la fraudulenta, ilegal e ilegítima deuda contraída en la gestión de M. Macri y que comprometerá nuestra soberanía nacional y el futuro de varias generaciones de argentinos.

De los 44.000 millones de dólares recibidos (según el Director del BID para asegurar el triunfo de Macri en 2019 y según otros expertos para que puedan fugar desde el sistema bancario los beneficios de la especulación o bicicleta financiera) no había quedado un dólar para mejorar la salud, la educación, el déficit crónico de viviendas, la red vial, y para revertir una inequidad intolerable con alto nivel de pobreza y un 1% acumulando el 40% de la riqueza.

Y en esa situación se tuvo que enfrentar la pandemia, primero con las cuarentenas cortas o largas y el reequipamiento de las UTI gracias al apoyo de China, fundamentalmente, pero que evitaron junto con las vacunas llegadas un año después, la pérdida de más vidas (ya llevamos cerca de 125.000).

Tomamos consciencia de la importancia entonces de otra de las soberanías devastadas por el neoliberalismo, la sanitaria.

Comenzamos a fabricar test diagnósticos y equipos de ventilación respiratoria inicialmente y luego las vacunas vectoriales tanto la de Oxford que se exportaba a Méjico (que tardaron en llegar al país) y las Sputnik que demostraron eficacia y efectividad. No fueron pocos los problemas con la vacuna Pfizer donde cláusulas secretas y la presión mediática de lobbistas con disfraz de científicos o políticos, crearon un clima de confrontación enrarecido y usado políticamente contra las autoridades sanitarias.

Mucho tememos que las nuevas clausulas, del acuerdo con el FMI para evitar el inminente default, no vuelvan a condicionar nuestra soberanía sanitaria y especialmente un fortalecimiento de nuestro sistema público de salud, que demostró ser el garante del derecho a la salud del pueblo y que debería estar plenamente integrado con el S. Privado y el Social en un programa Integral e integrado de salud en todos los niveles, con un reconocimiento de todos los profesionales y personal, sin precarizaciones ni desatenciones de justos reclamos.

Se menciona oficialmente que el nuevo acuerdo con el FMI, no impondrá ajustes ¿?. Lo que no se puede ignorar es que con las devaluaciones del macrismo, los efectos de la pandemia y una inflación que no ha podido ser controlada, los sueldos y jubilaciones ya están muy ajustados. Y personalmente dudo de que el FMI acepte programas promocionales como el del Previaje, que tanto nos favoreció turística y laboralmente, o pueda o ampliarse en más meses.

Hoy se cuentan judicialmente con pruebas suficientes, no arrepentidos premiados o fotocopias, para demostrar que el macrismo pudoconcretar la seguidilla de devaluaciones, empobrecimiento, endeudamiento, fuga de capitales, utilizando una vasta red de espionaje -ya con más de 100.000 las intromisiones detectadas-; teléfonos encriptados de altísimo costo; mesas judiciales con perfiles de “gestapo”, donde se perseguía a gremialistas, a opositores, a jueces come Gil Carbó obligada a renunciar bajo amenazas contra sus hijas; a periodistas y dueños de medios -algunos encarcelados-;a los familiares de las víctimas del Ara San Juan, a familiares de los bomberos fallecidos en el derrumbe de Iron Mountain (donde estaban las pruebas de la corrupción de grandes empresas). Todo esta calamidad antidemocrática e impune, pudo y puede concretarse con una evidente complicidad mediática y judicial. Hoy el principal operador macrista, Pepín Rodriguez Simón, se encuentra prófugo en Montevideo.

Defender nuestra soberanía nacional incluye repudiar la apropiación de lagos y parajes limítrofes de nuestra Patagonia, por parte de magnates extranjeros como Lewis o Beneton, violando nuestra autoridad territorial, mientras se le continúa negando a los pueblos originales, sus derechos a la tierra de las que fueron despojados. Recordemos las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel en el contexto de represiones inhumanas, que continúan esperando la llegada de la Justicia. Justicia que también es Soberanía y Salud, tal como se proclama desde nuestro Himno Nacional.

Benjamín Malamud Lerner