Responsabilidades locales y globales de la crisis hídrica regional

Por Emilio Iosa


Nuestra dimensión global: El cambio climático, nuestro nuevo dragón.

Hace unos diez mil años, terminaba el último período glacial del pleistoceno. La humanidad, es decir nuestros abuelos ancestrales, perdidos en los laberintos del tiempo y casi sin tecnología, se las arreglaron para sobrevivir.

En oscuras cavernasy reunidos alrededor del fuego, dialogaron desde la verdad, se escucharon, observaron, acordaron y cooperaron entre sí. Así, la humanidad entró en el holoceno, superando a aquel enorme dragón de hielo.

Luego, mitos y leyendas, recrearon una y mil veces de diferentes formas, la figura del dragón destructivo. Es decir, aquel que genera devastación y al que hay que vencer para sobrevivir.

Pero sólo en los últimos cien años, los descendientes de aquellas familias que sobrevivieron al pleistoceno, hemos generado las condiciones para un calentamiento global. El nacimiento de este “dragón de fuego”, se ha gestado en el corazón de una civilización que, escindida del silencio de las cavernas y montada en la energía inimaginable que generan de los combustibles fósiles, se olvidó de un pequeño detalle: sólo somos una pequeña parte de un ser global vivo y complejo, que tiene más de 4500 millones de años.

Hoy estamos frente a este nuevo dragón que creamos. ¿Y quién tiene la culpa? Pienso que a esta altura ya no importan las culpas. Lo que importa, es que, para enfrentar a un dragón, siempre hubo que tener al menos una cosa: la convicción de vencerlo.

Volver a dialogar, a escucharnos y a escuchar el mensaje de la tierra, a observar y acordar, a cooperar entre nosotros poniendo la tecnología al servicio de la vida. Así, nuestros ancestros entraron al holoceno, superando al enorme dragón de hielo.

Y sólo así superaremos a este nuevo dragón que hemos creado, antes de que vuelva a mostrarnos, (con la contundencia que acostumbran los dragones), lo vulnerables que siempre hemos sido.

Nuestra dimensión regional: invertir todo nuestro dinero en cemento; el paradigma de las obras que se ven.

De la imagen mitológica del dragón pasamos sin escala a la dimensión cotidiana y hasta vulgar de obras faraónicas que son reales y sí se ven, pero que nada tienen que ver con la solución de problemáticas prioritarias a nivel regional en Punilla.

El puente José Manuel de la Sota es el ejemplo más emblemático. Su estructura se construyó en menos de dos años y costó 70 millones de dólares. El gobernador de Córdoba lo promocionaba con una de las frases más cínicas que ha pronunciado un estadista en la provincia: “Fue realizado con el esfuerzo de los Cordobeses”.

Setenta millones de dólares significan hoy, 11 de enero de 2022, más de 14 mil millones de pesos, invertidos en un puente para la foto, que atraviesa un lago tan verde y maloliente que también está para la foto. Además, cruzando el puente, viene el combo de la autovía de Punilla, obra vial tildada de urgente y fundamental por todos los intendentes y jefes comunales, salvo rarísimas excepciones.

Nuestros dirigentes, aplaudieron como si estuvieran frente al faraón Ramsés II, aquel proyecto innecesario, en lugar de reclamar por las prioridades de saneamiento y redes de agua que necesitaban y reclamaban, sistemáticamente, los vecinos de sus propias comunidades.

Hace algunos días, la comunidad regional, es decir los intendentes de Punilla, firmaron un documento que va a quedar en la historia de la complacencia política cordobesa. Culparon por la falta de agua al mal uso del recurso por parte de los ciudadanos, al calor y a las piletas. No a la desinversión de los últimos veinte años, no al desmantelamiento de las cooperativas, no a la falta de planificación estratégica para el desarrollo regional.

Lo cierto es que, en la región turística más importante de la provincia, los ciudadanos y comerciantes en general, hoteleros y quiosqueros, carniceros y empresarios, mendigan agua a unos señores feudales depreciados políticamente y alejados de su gente. Ellos a su vez, mendigan la ayuda del gobierno provincial para seguir cementando todo lo que pueda ser cubierto de hormigón. Siempre con el dinero de los cordobeses. El progreso, para este gobierno y para esta generación de políticos (que quedarán en los anales de la incoherencia humana) es igual a acumular la riqueza del pueblo en pocos bolsillos, haciendo obras para la foto. Si los dejamos continuar por este camino vamos a terminar reclamando el derecho al aire.

Nuestra dimensión local: el desmantelamiento de los servicios que funcionan.

Sí a la Coopi versus no a la Coopi, fue el falso dilema que instaló el gobierno local de la mano de uno de los políticos que más daño le ha hecho a la democracia en Villa Carlos Paz. El actual Presidente de la Agencia Córdoba Turismo, instaló, valiéndose de las herramientas del estado y de todas las que se podían comprar, la idea de que el problema del agua en la ciudad estaba centrado en el sueldo de unos gerentes ignotos y en el cobro de una factura cara, aduciendo que el robo y el comunismo serían superados por un manejo municipal, que abarataría el servicio y aumentaría la calidad.

Pero el principal error del gobierno de Villa Carlos Paz, fue creer que toda la victoria consistía en hacerse de la caja del agua, sacándose del medio a la institución que había manejado el servicio regional durante más de cincuenta años, sin tener en cuenta que, no estaba preparada para hacerlo.

Y claro que no mejoró la calidad del servicio. La empeoró. No lo digo yo, lo dice su canilla (la de varios barrios de la ciudad y la de las comunas del sur). Tampoco se abarató la boleta del agua; se subsidia con plata suya, encareciendo el presupuesto, para dibujar un falso abaratamiento.

Boca vs River, Batman vs el Wasón, la Coopi vs la Muni, son algunas de las dualidades que deberemos superar a la hora de planificar una ciudad y elegir un modelo de desarrollo. Y como usted puede ver en su canilla, el tema del agua es un tema de desarrollo regional estratégico, en la que deben participar actores públicos, privados y del tercer sector con el más alto nivel de capacitación, para planificar y sostener una política de estado. El resto, es un cuento anaranjado, con un final muy oscuro.