Sobre el debate abierto en La Falda

Preservación de los Bienes Culturales Patrimoniales

Por Lic. Alfredo Ferrarassi


I

Ante la evidente situación de orfandad, no solo de conocimientos históricos, y si no teóricos, en el tema Patrimonio Cultural en general y de La Falda, en particular, es que nos hemos propuesto señalar algunos pasos a seguir en base a temas concretos y no sobre teorizaciones que terminan siendo de última inconducentes dada la vaguedad que presentan.

El tema del patrimonio cultural, tangible e intangible, es una de las vertientes que han aparecido en el nuevo perfil del egresado de la Escuela de Historia, al menos en nuestra Universidad Nacional de Córdoba. Por otro lado, nuestro posgrado como Gestores Culturales (FCE, UNC), nos permite adentrarnos en el tema, basándonos en la conferencia que dimos en las Jornadas destinadas a fijar aquel perfil.

En esa oportunidad presentamos un trabajo, el cual está por ver luz, editado por la FFyH (UNC) y que se denominó “La pérdida del patrimonio Cultural en La Falda”, en el cual abordamos como hemos sufrido por la desidia oficial la destrucción de nuestros bienes patrimoniales, los cuales no son achacables en exclusividad a la anterior gestión, sino que nacieron cuando por prejuicios económicos se demolieron las cocheras del Edén Hotel, mal llamadas por una cuestión de repulsión social: caballerizas.

Pasando por la absurda, lamentable y evitable sustracción de las piezas arqueológicas del Museo Ambato, hasta llegar a la destrucción de una parte de nuestro entorno paisajístico, un bien cultural tanto tangible como intangible, como nuestra Plaza San Martín, para construir un adefesio arquitectónico y posibilitar instalar un perfil de misticismo, más cercano a lo capíllense que a lo local, como es el laberinto que allí se realizó.

En todas estas acciones, hubo un cuerpo que debió controlar lo que se estaba haciendo o no y velar por los intereses del pueblo, el Concejo Deliberante, el cual por omisión o por desconocimiento del tema, históricamente hizo caso omiso a su deber y el mal entendido y falso precepto que deben acompañar al Ejecutivo en su accionar, jamás se vota de acuerdo a la conciencia, jamás hemos encontrado, salvo cuando se estaba en los prolegómenos del remate del Edén Hotel, en donde un Concejal se animó a dudar y no se pudo aprobar un pliego de condiciones que era nefasto para los intereses del pueblo de La Falda.

Los bienes arquitectónicos son las heredades que se deben cuidar, no solo para disfrutarlos en el presente, sino para preservarlos para las futuras generaciones, que encontrarán en ellos la justificación de su existencia y su proyección hacia el futuro.

Los mayores depredadores de los bienes culturales son los desarrollistas, quienes en su insaciable sed de ganancias no dudan en hacer caer bajo el accionar de su piqueta toda manifestación patrimonial o no, que interfiera con sus proyectos.

Por ello antes de establecer un plan para aquellos bienes que se deben preservar y la manera que en algunos se pueden producir adecuaciones, sin la pérdida de identidad, es necesario tener en claro que la legislación debe ser dinámica, dado que una extrema rigidez puede hacerle perder vigencia en pocos años, siendo tan nefasta su existencia, como tenerla.

En el panorama del desarrollo cultural ha aparecido últimamente la figura de la krensificación, la cual no puede ser soslayada en este proceso de preservación del patrimonio identitario, dado que su aplicación puede dotar a sectores devaluados de una herramienta que permita, no solo la democratización de aquella y el arte, sino el desarrollo económico, el cual les ha sido ajeno hasta la aplicación de este tipo de políticas.

Por lo tanto, es necesario remarcar… [que] “la intervención pública en el territorio del patrimonio arquitectónico debe plantearse como objetivo final favorecer la socialización de un conjunto de bienes que, independientemente de su titularidad jurídica, tienen un interés público universal. La catalogación, estudio, protección y recuperación del patrimonio son tan solo fases previas u objetivos instrumentales para garantizar a la sociedad -del presente y del futuro- el disfrute material e intelectual de estos bienes en la plenitud de su valor”[1]

No deja de ser menos importante lo señalado por los citados autores[2], cuando manifiestan “es por ello la misión de los poderes públicos desarrollar los mecanismos necesarios para que, una vez garantizada la conservación idónea del patrimonio, este pueda ser valorizado y que su conocimiento resulte accesible para todos los componentes de la sociedad, empezando por la comunidad inmediata que alberga a los elementos patrimoniales, siguiendo por los jóvenes insertados en el sistema educativo, y terminando finalmente en un público universal al que se acceda indirectamente a través de los mecanismos de difusión y, de modo más directo, a través de toda la variedad de experiencias que puedan quedar englobadas hoy en día en los equipamientos y recursos del denominado turismo cultural”[3].

El turista cultural, aquel que valora los bienes patrimoniales, pertenece a un sector de ingresos medios, ávido de adquirir conocimientos e incorporar experiencias de ese tipo en los sitios que visita, por ende “persigue la autenticidad como valor frente a lo artificial y artificioso, y está cada vez más comprometido en la preservación de un entorno natural y arquitectónico equilibrado”[4] que en las ofertas comerciales, se ofrece y exige poder acceder a la socialización del patrimonio para adquirir un crecimiento personal, por lo tanto tenemos que “las tendencias sociológicas en los países desarrollados son en este sentido unánimes y hoy se acepta abiertamente que el ocio inactivo comienza a ser percibido como un comportamiento vergonzante y que las experiencias culturales, y en particular las vinculadas al descubrimiento del patrimonio, gozan de una elevada aprobación social”[5].

Resulta importante tener en cuenta que “una de las tendencias sociales recientes que afectan a una nueva percepción del patrimonio arquitectónico es el reconocimiento de su potencial económico y, en particular, su condición de recurso esencial del turismo cultural. Conceptos que hace tan solo dos décadas podían producir cierto sonrojo, cómo invocar la rentabilidad del patrimonio, constituyen hoy ejes esenciales de la política de planeamiento regional”[6].

Un elemento a tener en cuenta es la necesidad de “promover y dar acogida a la investigación continua e interdisciplinar, realizar un seguimiento de inspección constante de los edificios y, sin duda, mejorar la comunicación descentralizada y recíproca entre los distintos entes administrativos implicados en la gestión y vigilancia del patrimonio”[7], esto debe traducirse como una actualización permanente del inventario y catálogo de bienes patrimoniales. Para conservar el mismo se puede recurrir a la creación de Archivos y Museos de la Arquitectura.

Dado que en nuestra ciudad no hemos podido contar, a pesar de estar determinado por Carta Orgánica Municipal desde 1995, con un Archivo Histórico Municipal, no por carecerse de documentación, sino por la ineficiencia estatal, la cual coloca en lugar prioritario de sus gastos a los eventos artísticos veraniegos, en lugar de tener un presupuesto equilibrado, en donde éste se comparta con los privados en su financiación y no para beneficio exclusivos de los mismos, permitiendo así que otras áreas de la cultura puedan contar con un presupuesto significativo que le permite desarrollarse.

Por lo tanto, estimamos se debe crear dentro del repositorio documental una sección destinada a la Arquitectura, la cual puede perfectamente nutrirse de los expedientes existentes en Obras Privadas y Privadas de la Municipalidad, donde se pueden encontrar desde planos a una reseña, hoy histórica, de los mismos y hasta si hubo alguna reforma del bien.

Solo se trata entonces de realizar un replanteo lógico del gasto público, un cambio de la concepción sobre la cultura, en la cual lo destinado sea una inversión y no considerado un gasto, dado que jamás podremos salir del estado actual de estancamiento, sino se revierte esta visión nefasta de la aquella, concepto que está instalado desde hace treinta años o más en nuestro pueblo.

Se torna imprescindible la creación de una Dirección de Patrimonio Cultural, Arquitectónico y Paisajístico de La Falda, la cual deberá trabajar de manera conjunta con la Junta Municipal de Historia y otras instituciones históricas de reconocida solvencia, con los profesionales de la arquitectura de la Secretaria de Obras Publicas y con los encargados del área paisajística, si lo hubiere, si no en su defecto con entidades que se aboquen al tema desde el punto de vista cultural, para en conjunto llevar adelante la tarea de rescate, conservación y puesta en valor del patrimonio cultural de La Falda.

Al respecto el HCD (Honorable Concejo Deliberante) deberá dictar las normas necesarias para su puesta en funcionamiento y a su vez dotarla de un presupuesto acorde a la importantísima tarea a desarrollar, el cual será incluido en el ejercicio próximo a la creación.

Es necesario remarcar que desde la Reforma Constitucional de 1994, el patrimonio está contemplado puntualmente en el artículo 41…“las autoridades proveerán a la preservación del patrimonio natural y cultural”, especificando que “corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquellas alteren las jurisdicciones locales”[8], por lo tanto estimamos que siguiendo este razonamiento tenemos que corresponde a los municipios de la provincia, con sus poderes constituidos, velar por la preservación del patrimonio cultural, tangible e intangible, el paisajístico y el natural, dictando para ello las disposiciones legales correspondientes, por lo que esta preocupación del Poder Legislativo local de dictar una ordenanza al respecto es un importantísimo paso adelante, en medio de tanta orfandad observada hasta ahora.

II

Por lo tanto, en primer lugar haremos referencia a la legislación a nivel internacional existente y posteriormente a aquella con la que cuentan algunas ciudades de nuestra provincia.

Solo contando con un aparato teórico que nos posibilite incorporar elementos indispensables respecto a los bienes culturales, se podrá después disponer de una serie de disposiciones legales que los preserven, uno sin el otro son impensables, ya que es un ejemplo claro de una relación dialéctica, a la cual se le debe prestar toda la atención que el caso requiere.

Respecto al primer tópico, diremos que es imprescindible el estudio de la Carta de Cracovia, ya que nos deja una serie de elementos indispensables para el análisis del tema patrimonial. A modo de reseña diremos que siguiendo éste, tenemos que La Falda en su amplio ejido municipal, tiene en las zonas A, B y C, un rico patrimonio ya sea arqueológico, arquitectónico y paisajístico, el cual es necesario relevar para poderlo proteger.

En efecto, por su arquitectura y sus monumentos, La Falda puede ser considerada una “ciudad histórica”, que debe ser analizada y valorada en conjunto, para no fragmentar su importancia y en el que ninguno puede, ni debe ser excluyente del otro. Por lo tanto se debe, no solo preservar, sino restaurar aquellos patrimonios históricos que requieran esta tarea, como así mismo considerar que “los paisajes como patrimonio cultural son el resultado y el reflejo de una interacción prolongada a través de diferentes sociedades entre el hombre, la naturaleza y el medio ambiente físico”….”su conservación, preservación y desarrollo se centra en los aspectos humanos y naturales, integrando valores materiales e intangibles. Es importante comprender y respetar el carácter de los paisajes, y aplicar las adecuadas leyes y normas para armonizar la funcionalidad territorial con los valores esenciales”[9]

La Falda no debe seguir dando la espalda a su paisaje, en especial el circundante a la zona oeste del Rio Grande o Negro de Punilla, incluyendo a éste, que tiene en la zona de Pampa de Olaen una de los reservorios arqueológicos más ricos del país.

Sin equivocaciones podemos afirmar que ha llegado la hora de abordar el tema de manera madura y adulta, ya que estamos dilapidando una de las riquezas más importantes con las que contamos y darnos cuenta que la cultura también puede ser una fuente de ingresos considerables si se actúa adecuadamente.

A veces no se trata de contar con un enorme presupuesto para encarar lo planteado, se necesita algo tan simple como es saber gestionar, lo cual es reflejo de los objetivos que se formulen para llevar adelante la administración cultural, ya que no es posible que simplemente se reduzca todo a organizar festivales o eventos musicales en la alta temporada, sino que hay que prestar atención a esta otra parte y crear o desdoblar las funciones para que haya un adecuado tratamiento[10].

El gestionar significa realizar trámites, pedidos, solicitudes ante todos los organismos existentes, ya sean provinciales, nacionales o internacionales, sin caer en el absurdo que la afiliación política es determinante, ya que los ejemplos de buenas gestiones, que culminan exitosamente nos llevan a demostrar que no todo se reduce a un color político para esperar beneficios, ya que cuando hubo una misma tonalidad partidaria tampoco se hicieron gestiones, ni avances en el tema[11], por lo que es imperioso romper el círculo vicioso existente y trabajar de cara al futuro sin las anteojeras que la partidocracia impone.

A nivel nacional hay leyes y decretos respecto a la preservación patrimonial, correspondiendo a la Ley N° 25.568, de “Defensa del Patrimonio arqueológico, histórico y artístico de las naciones americanas”, la cual es una adhesión a la Convención de San Salvador, debe ser una de las que se tenga en cuenta a la hora de de legislar sobre el tema patrimonial.

En Argentina existen en varias provincias que tienen una legislación y un accionar de avanzada sobre el tema siendo Buenos Aires y Santa Fe las que marcan rumbos al respecto. En la Capital Federal se encuentran desde museos a monumentos históricos y una toma de conciencia de lo que significa como fuente de recursos el turismo cultural, explotando de manera racional los sitios que la identifican en ese rubro y que significan enormes ingresos merced al turismo internacional y nacional ávido de conocer aquellos valores identitarios, como el baile y la música de tango, al igual que los bares tradicionales.

Esta política porteña de preservación ha logrado un sentido de pertenencia por parte de los habitantes que se debe interpretar como el triunfo de una política de estado en el área cultural, que la coloca a la cabeza, en Argentina, en la recuperación y conservación de los bines tangibles e intangibles.

Otra de las provincias que tiene una legislación y un accionar cultural digno de resaltar es Santa Fe, la cual tiene en las ruinas de Cayasta, en donde se asentó Santa Fe La Vieja, la primera ciudad capital y en donde se lleva a cabo una tarea de recuperación y restauración llamativa para el interior del país. También es necesario destacar que merced a una adecuada gestión, gracias al apoyo económico de España se pudo reconstruir una típica casa colonial, con su amoblamiento típico y con un sistema de sonido que permite al visitante poder apreciar cómo fue la vida cotidiana en un momento epocal determinado.

En definitiva, la administración provincial ha sabido colocar no solo a los bienes culturales, sino a la política del área cultural en un lugar de preferencia, dotándola de una estructura y presupuesto importante dentro del general de la provincia, bajándose este tipo de acciones a los municipios y comunas de Santa Fe.

En el caso de la provincia de Entre Ríos es necesario destacar la Ordenanza N° 7459 que establece el “Área de preservación cultural, histórico monumental, arquitectónico, urbanístico de la Ciudad de Paraná”, la cual presenta una serie de consideraciones más que amplias respecto a aquellos bienes culturales que deben preservarse.

En Córdoba y particularmente en su ciudad capital, existen numerosas ordenanzas y disposiciones que permiten tener un aparato legal de referencia para poder acondicionar aquellas medidas a nuestra realidad.

Al respecto también aportará la valiosa experiencia adquirida en la permanente lucha por la conservación patrimonial el “Foro para la Defensa de los Bienes Culturales de Córdoba”, que desde hace años viene bregando porque Córdoba no pierda su identidad y sus bienes culturales.

Las disposiciones que se deben tener en cuentan son la Ordenanza N° 11190 de “Protección del patrimonio arquitectónico, artístico y áreas de valor cultural de la Ciudad de Córdoba”, la cual delimita la áreas de protección del patrimonio y sienta criterios de categorización en el ejido municipal.

Así mismo también se debe considerar la Ordenanza N° 11.202/07 sobre “Acciones de Protección del Patrimonio Construido de la Ciudad de Córdoba”, en la que se establecen las acciones de tutela de los valores culturales y/o paisajísticos de los bienes considerados componentes del Patrimonio de la ciudad, de propiedad pública o privada, incluidos en el Catálogo de Bienes Inmuebles y Lugares del Patrimonio de la Ciudad de Córdoba según Ordenanza Nº 11.190/06 citada anteriormente.

Complementando a éstas están las leyes que oportunamente dictara nuestra Legislatura, siendo la Ley 5543 de “Protección de los Bienes Culturales de la Provincia” la que trata sobre los siguientes temas: cultura, el régimen de protección de bienes culturales, con su órgano de aplicación y la puesta en marcha de la dirección general de historia, letras y ciencias, como así mismo versa sobre los monumentos y lugares históricos y piezas arqueológicas y paleontológicas, con lo cual se cuenta con un corpus que sirve de referencia para la sanción de la ordenanza correspondiente en La Falda sobre dichos tópicos.

Esta ley provincial tiene su respaldo en una ley nacional, la 21.836 que aborda la “Aprobación de Convención sobre Protección del Patrimonio Mundial y Natural”, pero que es una verdadera fuente donde abrevar para comprender que se entiende sobre Patrimonio Cultural y Natural, la protección del mismo, los entes que velaran por su cumplimiento, la creación de los fondos para garantizar su funcionamiento, las condiciones de asistencia internacional y los programas educativos que terminarán afirmando una política de cuidado de aquellos. Con lo cual su consulta debe ser de carácter obligatorio a la hora de pretender sancionar disposiciones sobre el tema.

III

De acuerdo a todo lo mencionado, volvemos sobre lo recomendado anteriormente respecto a cómo abordar la tema en nuestra Ciudad. En efecto, se sugiere dividir La Falda en zonas las que deberán coincidir con los respectivos barrios, las mismas se dividirán en áreas las cuales se dividirán en seis categorías, A) Monumental, B) Máxima protección, C) Mediana Protección, D) Bajo Protección, E) Protección Testimonial, E) Área de Protección Histórica.

Una vez realizado el relevamiento en cada uno de ellos, se tendrán zonas en las cuales se podrá planificar el desarrollo arquitectónico libremente de acuerdo al código de edificación vigente y otras en las cuales se deberá guardar especial atención por su valor histórico. Esto no solo agilizará el desarrollo urbanístico, sino que cuidará de los bienes patrimoniales. Este revelamiento constituirá el Inventario de Bienes Culturales, Paisaje y Naturales.

Antes de hacer referencias sobre la importancia dialéctica del Inventario se hace necesario citar a lo señalado por Agustín Azkarate, Mariano J. Ruiz de Ael, y Alberto Santana, las cuales no pueden ser soslayadas so pena de realizar un esfuerzo que no servirá de nada y terminará siendo inútil.

Ellos sostienen, “para abordarlo con cierta garantía de éxito es necesario construir previamente una metodología, un lenguaje y un código de criterios de interpretación y valoración comunes”…“lo primero que se [debe realizar es] un Tesauro para poder compartir un lenguaje de análisis entre las distintas disciplinas y agentes involucrados, y lograr a través de él garantizar la objetividad, la coherencia, la durabilidad y la accesibilidad de las informaciones recogidas”[12].

Por lo tanto, “la exigencia fundamental de un inventario general es que los criterios de estudio y análisis utilizados para su elaboración deben ser académicos, y los de valoración explícitos y contrastables”… “en la actualidad el inventario limita su riqueza de información sociológica a la fecha en la que fue realizado, pero al mismo tiempo permanece anclado en los puntos de vista de la percepción del patrimonio y de la historia de aquel momento específico. La ausencia de un cuerpo funcionarial técnicamente cualificado para mantener al día el inventario, y la propia magnitud de la tarea, provoca que las revisiones, cuando se realizan, lo cual es poco frecuente, se produzcan por oleadas sectoriales que perpetúan los desfases comparativos“[13].

Así mismo, estimamos que se deberá contar con una Ordenanza que verse sobre Demoliciones, lo cual es clave en el éxito de la Preservación Patrimonial, la Ordenanza N° 7084, sancionada el 28 de abril de 1980 en la Ciudad de Córdoba sería una referencia de utilidad al respecto, ya que se deberá reglamentar que todo pedido de demolición deberá tener la autorización de la dirección de Obras Privadas, la cual a su vez deberá consultar a la Dirección de Patrimonio Cultural, Arquitectónico y Paisajístico de La Falda, la cual observará lo dispuesto en el Inventario de Bienes Culturales, Paisaje y Naturales, sobre los mismos en cada área existente.

Para un perfecto funcionamiento de la Dirección de Patrimonio Cultural, Arquitectónico y Paisajístico de La Falda, se recomienda la creación a su vez de un Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales, el cual deberá ser consultado cuando las circunstancias lo determinen y el cual trabajará íntimamente ligado a aquel en la actualización del Inventario de Bienes Culturales, Paisaje y Naturales.

La creación de estos organismos tiene la finalidad de garantizar la preservación de los bienes tangibles e intangibles antes citados y así mismo reivindicar la idoneidad de los vecinos de La Falda, quienes son perfectamente capaces de realizar dichas tareas, si bien eventualmente se pueden realizar consultas técnicas, no es imprescindible solicitar que las tareas sean asumidas por instituciones ajenas al medio, ya que la Ciudad cuenta con personas altamente capacitadas, las cuales esperan la oportunidad de ser convocadas para colaborar, demostrar sus saberes y poder integrarse comunitariamente.

Esta tarea posibilitaría a su vez la formación de Talleres de Historia Oral Barrial, donde los viejos vecinos de cada barrio puedan, no solo ayudar en el relevamiento de aquellos bienes factibles de ser incorporados al Inventario, sino de narrar la historia de su entorno. Para esta tarea se trabajará, no solo recurriendo a la historia oral, sino a la documental, incorporando así una variedad de conocimiento de incalculable valor para la Ciudad y región, y fundamentalmente trabajando mancomunadamente los historiadores junto a los vecinos en la construcción del pasado.

En la Ciudad de La Falda hay viviendas que tienen el valor patrimonial por ser únicas en su género y a su vez ser propiedades de culto. Un ejemplo de ello es la vivienda planificada por Vladimiro Acosta (Vladímir Konstantinowski) quien fuera el creador del sistema Helios, el cual aplicó en la vivienda de la calle Patria y San Lorenzo de nuestra ciudad, la misma por ser única en su tipo y por el concepto revolucionario que siempre tuvo, es imprescindible conservar, no solo como vivienda, sino como unidad paisajística con su jardín, ya que si se permitiera lotear, subdividiendo la propiedad, ésta perdería sentido y el sistema aplicado razón de ser aplicado. Por lo cual, más allá de lo que pueda representar pecuniariamente la decisión de declararla Monumento Histórico Municipal y tramitar su reconocimiento provincial y nacional, se deberá con medidas concretas evitar su mutilación por desarrollistas e inversionistas y estar conscientes que será una larga lucha, con el aliciente que La Falda no estará sola a nivel mundial si decide su conservación como una unidad, lo cual debe constituir el inicio de una política de estado respecto a la preservación patrimonial, marcando con ello rumbos a nivel departamental y colándonos a la cabeza de la lucha conservacionista en el interior provincial y nacional.

De modo demostrativo nos referiremos solamente a lo que antiguamente ha sido Pueblo La Falda, es decir desde la Ruta Nacional N° 38 al este hasta Avenida Argentina - Jujuy y entre Patria y Maipú, sitio que no cuenta con un Centro Vecinal y que guarda edificios de valor testimonial que requieren Máxima Protección.

Los mismos son: edificio Zanni de Av. Edén y Diagonal San Martín; la esquina de Edén y Meirovich, ex Farmacia de Zipilivan (hoy Farmacia La Falda) en sus altos; el Reloj Cucú sito en la Diagonal San Martín; la esquina de Edén y Meirovich, casa del Dr. Salomón Meirovich (hoy Secretaria de Turismo); el molino existente en la calle Kennedy frente a la Plazoleta Manuel Arnedo en el comienzo de dicha arteria propiedad, de la familia Aldet; la casa de Sarmiento y San Lorenzo (hoy funeraria Giagante) ex sede del Correo Argentino; la casa de la calle San Lorenzo y Sarmiento, chalet Skylab, el cual formó parte de las tres edificaciones que se hicieron en la Avenida Central (hoy Sarmiento) como promoción de la nueva urbanización; Chalet de Sarmiento y Rivadavia (frente a la Plaza San Martin, hoy consultorios médicos), otro de las edificaciones citadas,, el restante es el que Sarmiento y Mariano Moreno (CEM) lamentablemente mutilado con la edificación de locales comerciales; casa de la calle Saavedra esquina Sarmiento, ex propiedad del escritor Raúl Barón Biza, rica en sus aplicaciones en maderas talladas; Plaza San Martin, la cual debería ser declarada Patrimonio Histórico de la Ciudad y evitarse construcciones fuera de lugar como el laberinto existente; casa calle Lamadrid N°360, representativa de una época y con influencias manifiestas del Art Decó; Hotel El Cortijo, ex Hotel Lomas de 9 de Julio en intersección de Bahía Blanca, característica construcción epocal; el ex Cine Rex, en la calle 9 de Julio N° 195, hoy bailanta Extra Brut, edificación que debería recuperarse como expresión cultural tanto cinematográfica como teatral de La Falda; la edificación existente en Capital Federal y 9 de Julio, sede del ex Banco Argentino Mediterráneo y de numerosos negocios, hoy confitería Frapé; el edificio de la calle 9 de Julio N°142 donde estuviera el Banco de Córdoba y posteriormente la cigarrería Bracamonte.

IV

El trabajo de preservación de los bienes patrimoniales debe ir acompañado, no solo con las disposiciones legales necesarias, sino con una campaña de concientización y una movilización vecinal, la cual puede ser activada a partir del relevamiento de sus propios bienes, lo cual lograría un mayor el conocimiento del mismo y una profunda relación afectiva con su entorno inmediato y directo.

La tarea es entonces la preservación de todos aquellos bienes que conforman nuestro patrimonio, el cual merece prioritaria atención por su valor y por sobre todo asumir que esta tarea debe ser una política de estado, en la cual todos los vecinos y sus expresiones institucionales y políticas se integren para alcanzar el bienestar general, el cual cuenta en lo cultural uno de sus pilares fundamentales[14].

Lic. Alfredo Ferrarassi



[1]Azkarate, Agustín, Ruiz de Ael, Mariano J y Santana, Alberto. El Patrimonio Arquitectónico, Kulturaren Euskal Kontseilua, Vitoria-Gasteiz, 2003, pág. 14

[2] Ver cita número 1

[3] Ibídem. Pág. 14

[4] Ibíd. Pág. 16

[5] Ibíd. Pág. 16. El subrayado es nuestro

[6] Ibíd. Pág. 15

[7] Id. Pág. 18

[8] Constitución de la Nación argentina. Varias Ediciones.

[9] Carta de Cracovia. Versión española del Instituto Español de Arquitectura (Universidad de Valladolid), Javier Rivera Blanco y Salvador Pérez Arroyo. Miembros del Comité Científico de la “Conferencia Internacional. Cracovia 2000

[10] Dividir la Dirección de Cultura en dos: Dirección de Cultura y Dirección de Actividades Artísticas, sería una alternativa viable para avanzar en este terreno patrimonial.

[11] El caso de los Amigos de Museo Ambato es claro ejemplo de los frutos que da la perseverancia y la idoneidad en el tema.

[12]Azkarate, Agustín, Ruiz de Ael, Mariano J y Santana, Alberto.Óp. Cit., El Patrimonio Arquitectónico, Kulturaren Euskal Kontseilua, Vitoria-Gasteiz, 2003, pág. 11

[13] Ibídem, pág. 11

[14] Trabajo concluido el 09/07/2014