Reflexiones sobre: Conservación del Patrimonio Cultural Material

Por Alberto E. Moro


Conservación del Patrimonio Cultural Material. Significado de la tutela, restauración y conservación del patrimonio. El registro de los bienes patrimoniales. Criterios generales y particulares. Patrimonio físico. Herramientas para la conservación del Patrimonio. Relevamiento y Diagnóstico.

Todo lo que se refiere a la conservación del patrimonio cultural material es susceptible de ser abordado desde infinitos ángulos. Es suficiente con considerar algunos de los términos polisémicos desde los cuales puede ser encarado un discurso, lo cual habla de su extrema complejidad. Tenemos palabras como “Cultura”, que es una de las más difíciles de definir, ya que puede serlo desde muy diversas ópticas o enfoques. Lo mismo sucede con la “Identidad”, tema sumamente complejo que ha sumergido en abismales honduras a muchos gobernantes empeñados –por ejemplo- en la complejísima búsqueda de una identidad nacional argentina. Lo mismo sucede con memoria, comunidad, ciudadanía y patria. En esta última, que con la globalización y las perspectivas de futuro puede tener muchos sentidos, me quedo con la definición de Rainer María Rilke: “La patria, es la infancia”, ese lugar a donde todos queremos volver y donde quisiéramos morir.

Yendo a lo concreto en el tema que nos ocupa, el Patrimonio Cultural es un proceso constructivo individual y social. La realidad misma, según se ha dicho y en muchos casos se acepta, es también una construcción individual y colectiva que crece dentro de cada individuo y cristaliza al ser compartida por el todo o una parte de la sociedad. Muchas veces, el bien patrimonial está allí, pero nadie lo ve (período de latencia) hasta que en un momento determinado es descubierto por los habitantes del lugar, iniciándose así el proceso constructivo en tiempo y espacio que lo proyectará hacia el futuro contribuyendo así a la identidad local.

El objeto de la creación de Patrimonio Material puede ser un objeto individual o un conjunto de ellos, un edificio, un árbol histórico, un santuario, una montaña o la obra de un escritor, un ingeniero, un artista, etc., etc., que sea reivindicado como representante valioso de una sociedad o grupo de personas residentes en un lugar determinado.

No solo se patrimonializará como un objeto bello o un patrimonio intangible, sino también como testimonio “no artístico” de una época o una epopeya, o como un bien de estudio por su complejidad. Una vez rescatado formará parte como bien patrimonial, de un legado, de la herencia histórica, y de la identidad local a la que representará simbólicamente. Una vez activado, el bien cultural/patrimonial adquirirá valor como tal, con la posible calificación de V.U.E. (Valor Único Excepcional).

En la pequeña y modesta escala individual, a quien esto escribe le sucedió con un objeto familiar del año 1896 proveniente de Suiza, perteneciente a uno de mis abuelos que no llegué a conocer. Siendo ya adulto, mi madre me entregó, en una ocasión especial, un objeto que había guardado y que pertenecía a mi padre muerto cuando yo tenía 16 años. Era (y es) un objeto bello, pero al margen de esta apreciación, nada sabía sobre dicho material. Poco a poco y a lo largo de los años, investigando en Europa y en la historia de mi abuelo, fui descubriendo la historia del objeto y sus sorprendentes derivaciones, que me permiten afirmar que es una pieza única en el mundo que se encuentra en perfecto estado de conservación. .

En definitiva, para adjudicar a un objeto (en sentido amplio) la categoría de V.U.E. e irrepetible deberán tenerse en cuenta algunos aspectos esenciales, como los enumerados a continuación:

*Atributos definitorios del bien, necesarios para su identificación, tales como la descripción minuciosa y la historia del objeto de evaluación.

*Valoración del bien en cuanto a su valor histórico, valores físicos singulares, valor científico, valoración social como componente identitario, y valor eventual dentro de un conjunto compartido.

*Como elemento material excepcional, debe ser objeto de tratamientos conservadores a través de un adecuada Gestión multifacética y polifuncional con equipos adecuados y especializados.

En cuanto a la CONSERVACIÓN, podríamos definirla en latu sensu como el conjunto de acciones tendientes a proteger el bien o los bienes catalogados como PATRIMONIO, sean cuales fueren sus características materiales. Naturalmente, entraña cuidados especializados dirigidos a conservar todos sus atributos, no obstante el paso del tiempo y los riesgos potenciales biológicos, físicos, o químicos que eventualmente puedan actuar sobre cualquier objeto merecedor de una preservación cuidadosa. Sabemos que insectos microscópicos, el calor o la humedad excesivas, y los efectos de las radiaciones lumínicas ultravioletas e infrarrojas, y el simple pasar del tiempo, pueden alterar la composición estructural y en consecuencia también la información contenida en el bien patrimonial.

Por lo que antecede, queda claro que la conservación preventiva informada y cuidadosa del objeto en su contexto espacial, es una importante herramienta en la gestión del patrimonio cultural material. Sin ella, el solo transcurrir del tiempo, hará su obra destructiva.

Para ello será imprescindible tener en cuenta tres grandes grupos de acciones tendientes a evitar la improvisación, que puede ser fatal en estos casos: acuerdos protocolares que deberán ser seguidos por todos, un manual de uso, y prevención de riesgos.

En lo que respecta al Protocolo, este incluirá un protocolo de conservación, un protocolo general de procedimientos, y un protocolo de mantenimiento. En definitiva, se trata de una síntesis que ordena y jerarquiza los puntos más relevantes de cada tarea específica.

La conservación consiste en tomar todas las medidas tendientes a proteger la integridad de él o los objetos a preservar. Los objetos, todos los objetos son un pensamiento realizado individual o colectivo, y contienen un saber que no siempre es fácil de dilucidar. El conocimiento previo, lo más profundo posible, ayudará a descubrir aquellos aspectos que aún no han sido descubiertos. Los objetos “hablan”, y cuanto más sepamos sobre ellos a priori, mejor será nuestro diálogo con ellos. Será muy importante valorar el contexto en que se encuentra el bien patrimonial objeto de estudio.

El tratamiento conservador debe ser muy cuidadoso y detallista para descubrir cuáles serán las acciones convenientes a tomar con miras a no alterar su estructura ni la información potencial que puede contener. Ser “cuidadoso” implica por lo tanto, tomar un compromiso ético e histórico para descubrir, conservar y preservar tanto el objeto como la información que contiene.

De más está decir, que hay que conocer cuáles son los agentes de deterioro físicos o biológicos que ha actuado a través del tiempo o que pueden hacerlo en el futuro. Entre éstos, los efectos decolorantes del espectro ultravioleta y los efectos desecantes de la radiación infrarroja.

Quien esto escribe ha mantenido durante 35 años en aceptables condiciones una colección museológica, con una sola excepción: el descuido de un ventanal con la persiana baja aunque no totalmente, por la cual se filtraron los infrarrojos en la puesta del sol (no así los ultravioletas), con la consecuencia observable del endurecimiento y la fragilización del lomo de los libros en una biblioteca que recibía el reflejo indirectamente, desde el piso.

Los ácaros y otros insectos, la humedad, y el maltrato ocasional por seres humanos inexpertos, también son agentes de deterioro frecuentes.

Cada protocolo debe ser práctico y dinámico para que sea entendido por todos, en la multiplicidad de agentes que pueden accionar en el espacio patrimonial, que no solo serán antropólogos, arqueólogos, sociólogos, museólogos, patrimonialistas especializados, restauradores y expertos, sino también pintores, albañiles, plomeros, electricistas y personal de limpieza, que deben estar al tanto para interactuar con los especialistas encargados de la gestión de riesgos. Porque siempre existe la posibilidad de que “algo” no previsto pueda suceder.

Hay múltiples amenazas incluso a futuro por el crecimiento de las colecciones, la incertidumbre de los apoyos económicos para los recursos que son siempre limitados, y por los imprevistos de siempre.

Recuerdo una curiosa anécdota al respecto, de cuya veracidad no tengo la certeza, pero habiendo visto ciertas supuestas obras de arte lo creo posible. En un museo norteamericano se había montado una de las llamadas “instalaciones” amontonando cosas en el suelo, y cuando vino el personal de limpieza a la mañana siguiente se la llevaron, en la creencia de que se trataba de basura descartable.

El manual de mantenimiento debe ser en cada caso práctico, dinámico, y sobre todo didáctico, escrito en lenguaje sencillo para que pueda ser entendido por todos, y no solamente por el personal especializado. Y a la hora del trabajo in situ, jerarquizar los problemas y establecer prioridades será una manera de arribar a buen puerto en tan delicada tarea.

Antes que nada, al encarar un proceso de gestión preventiva, conservadora o restauradora será necesario accionar para tener un buen Relevamiento que conduzca a un acertado Diagnóstico de situación, sobre los cuales planificar todo el procedimiento.

Va de suyo que el relevamiento no implica ninguna intervención concreta o invasora, sino tan solo la observación del estado y características del bien patrimonial, tomando nota de todo lo significativo para arribar a un buen diagnóstico. Por ejemplo, ubicación del bien objeto del estudio, composición del mismo, y nunca estará de más hacer fotografías, filmaciones, y un dibujo o esquema. Esto último ayudará en gran medida a la percepción integral y contextual del sitio o el objeto completando así una inmersión poli-sensorial organoléptica del bien a ser intervenido. Y ya que usamos un término médico como es la palabra diagnóstico, en realidad estamos hablando de identificar patologías, para resolver cual debería ser la terapéutica adecuada, incluyendo, llegado el caso, cirugía mayor, en sentido figurado. En este último caso, será imprescindible gestionar cuidadosamente el acuerdo con la población y las autoridades locales que sienten como propio el bien patrimonial.

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