40 años en una noche

La Trova Rosarina en La Falda

Por Néstor Pousa


Pasadas las diez de la noche ante un auditorio completo en su capacidad máxima, Juan Carlos Baglietto abría el concierto del mismo modo que lo había hecho cuatro décadas atrás, la noche de su consagración en ese mismo lugar.

Solo y empuñando su guitarra Juan interpretaba una vez más aquella fundacional canción, Mirta, de regreso. Ya no hay un pelo largo, es cierto, pero sus atributos vocales lucen extraordinariamente intactos.

Durante la primera media hora de show repasaría los principales momentos de “Tiempos difíciles”, disco debut consagratorio publicado a solo tres meses (mayo de 1982) de su revelación faldense.

Silvina Garré haría su ovacionado ingreso para recrear el definitivo dueto de Era en abril. Luego, con Rubén Goldín en escena se juntaban los tres miembros originales de aquella histórica noche de febrero de 1982.

En trío y con la banda de acompañamiento de La Trova Rosarina, que integran: Adrián Charras (piano y teclados), Guido Martínez (bajo), Julián Baglietto (batería) y Juancho Perone (otro histórico, en percusión), harían Aunque mañana no estés.

“Nos creíamos rockeros pero cantábamos boleros”, sentenciaba Baglietto. Luego agregaría: “Fito está presente con sus canciones” (cerrando así todos los cuestionamientos sobre su ausencia en esta serie de conciertos celebratorios). Entonces repasarían: Puñal tras puñal, La música del Río de la Plata y Sobre la cuerda floja.

“Cantábamos boleros y también tangos”, ampliaba Juan para introducirnos en Una vuelta más, un tanguito de Goldín perteneciente al segundo álbum. Volvería el dúo Baglietto-Garré en la conmovedora historia de Que son esas palabras. Para Río marrón ya tendríamos a su autor sobre el tablado, Jorge Fandermole, creador de gran parte del fundamental repertorio de La Trova. La lectura de un manifiesto de músicos populares sobre la democracia fue el preámbulo para una de las canciones más bellas que se escribieron sobre la patria, precisamente titulada Dormite patria de Adrián Abonizio, con un impactante soporte visual y un efectivo diseño de luces.


Habían pasado nueve canciones hasta ese momento en el que se sumaron Fabián Gallardo y el mismo Abonizio. Ahora sí La Trova Rosarina a pleno sobre el escenario que los vio nacer como concepto estilístico poético y musical. La canción Actuar para vivir (epónima del segundo disco también publicado en 1982) con nuevos arreglos a seis voces fue la presentación de la segunda parte de un recital que marcaba el regreso de Mario Luna en el rol de productor/organizador.

El sexteto se explayaría con un repertorio más variado y enfocado en las respectivas carreras solistas de sus autores: Sueño de valeriana (Goldín), En blanco y negro, Buenos Aires (Silvina), El árbol (un estreno de Fabián Gallardo), Cuando (Fander), Yo vengo a ofrecer mi corazón (del ausente Páez) y Canto versos (de nuevo Fander).

El segmento final aguardaba por los hits de esta historia, las grandes composiciones de Baglietto & Cía. impuestas a fuerza de una notable jerarquía interpretativa como sello distintivo de este combo. Una seguidilla con: Historia de Mate Cosido, El loco en la calesita, Tratando de crecer, El témpano y La vida es una moneda, mantuvieron a la numerosa audiencia en vilo y al borde del colapso emotivo.

Como un hecho casi inédito, en tres oportunidades tuvieron que regresar aclamados por una platea que se resistía al inevitable final de un show de más de dos horas de duración. Tema de Rosario, himno de pertenencia escrito por el recordado Lalo de los Santos, Oración del remanso, Las cosas tienen movimiento y una segunda versión de Mirta, de regreso (eléctrica y a banda completa) redondearon una performance que quedará guardada en la memoria tanto como aquella del ‘82.

Un hito más en esta ciudad serrana que se las arregla para, cada tanto, albergar espectáculos musicales de altísima gama.