La Falda – Bº Molino de Oro

La inseguridad y sus daños colaterales


Desde hace un tiempo largo el barrio donde confluyen muchos otros y que por costumbre se denomina Molino de Oro viene sufriendo la desolación de hurtos y robos. Esto que ahora se viene repitiendo de forma periódica esta rebasando la paciencia de vecinos que no tienen capacidad económica para presionar y obtener respuestas, ni tampoco viven en su vecindario funcionarios que estén establecidos allí y sepan la realidad difícil que les toca vivir.

Casi todos los vecinos y vecinas son damnificados, J. un vecino de la calle San Luis al 100, nos comentó que hace dos semanas le robaron herramientas por el valor de ciento cincuenta mil pesos lo que le produjo un daño enorme a su trabajo. Otra vecina T. nos expuso que desde febrero le robaron 5 garrafas y otras cosas.

G. quien es profesional y eligió La Falda para llevar adelante su proyecto de vida, vive de noche encerrada junto a su pequeña hija, ya le entraron varias veces, le robaron la garrafa y le envenenaron el perro, está muy angustiada porque está sola, porque escucha ruidos en sus techos y no puede estar tranquila, tampoco puede en este momento calefaccionar su hogar, “entre la luz que es cara y la garrafa que me robaron no tengo como calentar el ambiente, la única garrafa es para cocinar y no estoy en condiciones de comprar otra garrafa que sale entre 10 mil a 14 mil pesos”

Tal vez la situación más insólita la vivió una vecina que observó como un auto quedo estancado cerca de su casa, otra vecina llamó al 103 y cuando llegó el móvil de Seguridad Ciudadana pudo saber que el auto tenía pedido de captura, lo llamativo fue que mientras se esperaba al móvil policial se presentaron personas que “le pusieron el pecho al inspector” y se llevaron el auto que, por cierto, anda deambulando por la ciudad.

Algunas vecinas también fueron asaltadas en la calle para robarles los bolsos y lamentablemente hay algunos vehículos que quedaron sin rueda. La gota que rebasó el vaso fue el caso de M. vecina de la calle Santiago del Estero que habiendo sido víctima anteriormente de hurtos escucho ruidos en su patio y vio como dos jóvenes le llevaban su garrafa comprada hace algunas horas, esta vez los enfrentó con un palo y terminaron huyendo con el botín sin hacerle daño a ella pero dejando la incertidumbre de qué puede pasar en la próxima vez.

Esto generó un incipiente grupo de WhatsApp vecinal y se pidió a autoridades de la comisaría local que se llegaran para poder explicarles lo que estaba pasando. Hace dos semanas se realizó una primera charla en la cual se escucharon las vivencias cotidianas. Paralelamente, se presentó el 9 de junio una nota al Municipio donde se solicitan intervenciones o acompañamiento a esta situación pero hasta el momento no se tenido ninguna respuesta.

Hasta acá muchos lectores pueden decir bueno son garrafas, ruedas, baterías o herramientas, pero para estas familias les es imposible pensar, por el momento, comprar nuevamente estos elementos, los cuales son altamente necesarios ya sea para vivir dignamente o para trabajar.

Daños colaterales

El daño colateral hace referencia a las bajas involuntarias y la destrucción en zonas civiles en el curso de las operaciones militares, este término lo utilizaremos socialmente cuando aparecen otros daños surgidos indirectamente de una situación traumática como la de un hecho delictivo como un robo. Esto es lo que viven muchos vecinos y vecinas que temen no solo porque le saquen lo poco que tienen, sino que les genera vivir a la defensiva por miedo a su integridad psicofísica o la de su familia.

Durante las noches no se descansa porque se está en alerta, A. que se encontró con ladrones en la puerta de su vivienda nos comenta “las nenas tienen miedo en la casa, no puedo ir a comprar porque tienen miedo de quedarse solas, estamos activas durante la noche escuchando ruidos o cuando cruzamos de mi casa a la casa de mi madre (está a pocos metros) genera esa sensación de mirar hacia el arroyo por las dudas de que haya alguien…es horrible estar así…”

La vulneración es muy grande si nos ponemos a pensar que además, de preocuparse por los problemas cotidianos como los económicos, familiares, de salud y tantos mas, el no descansar y estar alerta las 24 hs. imprime una tortura sostenida que genera malestar en todos los ámbitos, no permite la libre creación para superar otros problemas como el de enfocarse en la salida de qué hacer o como ganarse el mango porque estas agotado y sin humor. Se genera un corte de la autonomía física al no poder disfrutar ni de tu casa, ni salir por miedo a dejar la casa sola y se pierde la vinculación con otras personas.

El desastre económico como social, coloca a estas familias en un grado mayor de exclusión y precariedad, el cansancio físico y mental provoca un mecanismo de desintegración personal, familiar y social.

Según los principios de los derechos humanos la localización y descripción de situaciones de vulnerabilidad social y la implementación de medidas de protección deben ser parte constitutivas de políticas de estado esto es lo que se pide en la nota al municipio.

Podría ser fácil imaginarnos el sentimiento de vulnerabilidad en el daño físico, la falta de elementos sensibles de tu hogar o cuando lo necesitas para trabajar, pero como se valora estos procesos que comprometen la vulneración y el desvalidamiento que también forman parte de procesos históricos que irrumpen en el psiquismo, que modifican los hábitos de la familias y el entorno directo, como se sobrevive a estas violencias colaterales será un tema a analizar.

Ahora me pregunto hasta donde aguanta un individuo o por dónde disparará semejante presión de tener que sobrellevar el día a día, que permita seguir adelante a un ser humano con tantos conflictos externos e internos.

Karina Lucero