Jonathan Romo: crónica de una muerte anunciada


Lo de Jonathan Romo era una crónica de una muerte anunciada, este joven paso en diciembre por una situación que lo marcaría, que no le permitió recuperarse y que otros vivenciaron desde hace bastante tiempo; familias que expresaron públicamente que golpizas y muertes quedaron impunes.

Año 1994, en abril, Mirta Horrach, una joven artesana había sido detenida en la Comisaria de Capilla del Monte, fue encontrada colgada en la celda; según algunos pocos testigos escucharon que la mujer pedía ayuda y que decía que era víctima de un delito contra su integridad sexual. Para la justicia fue suicidio

Año 2012, en junio, el adolescente Brian Palomeque de 16 años fue encontrado por Federico, un amigo, en un campito de La Falda; según él estaba colgado de un árbol y para la justicia fue un suicidio. Los testimonios dicen que era imposible porque tenía las manos atadas y las rodillas casi llegaban al piso. En aquel momento los chicos del barrio contaron que un policía de apellido Ortega lo había amenazado.

Año 2013, nuevamente en la Comisaria de Capilla del Monte encuentran ahorcado a Jorge Reyna de 17 años; la situación fue que el chico ya había expresado que la policía lo extorsionaba para vender droga. Para la familia fue un asesinato, en el cuerpo hubo golpes, para la justicia fue un suicidio.

Año 2020, en octubre, Joaquín Paredes de 15 años muere por un disparo en su espalda en al localidad de Paso Viejo de Cruz del Eje, cuando estaba en una plaza con amigos.

Siguiendo en Punilla, encontramos miles de casos de jóvenes de sectores empobrecidos, que fueron golpeados en distintas circunstancias y en donde productos de esas brutales golpizas quedaron afectados en su salud.

Por otro lado, saliendo de nuestro departamento los casos se repiten con el agravante que son encubiertos por el resto del personal policial, pero además porque en muchos casos quienes intervienen en hechos violentos ya tenían antecedentes y solo fueron cambiados de destino laboral. Esto tiene una historia que no pudimos saldar con la llegada de la democracia, fue a través del Ministro Oscar Aguad, que llego como Director de Inteligencia Criminal de la Policía de Córdoba, Carlos Yanicelli conocido como “tucán chico” cuando era parte de la temible D2. Fue durante el gobierno de Mestre entre el año 95 y el año 99 y no pudo seguir escalando, porque fue denunciado por crímenes de lesa humanidad, el denunciante era un ex policía que tuvo que exiliarse. Es decir que nunca la policía tuvo un real cambio acorde a gobiernos democráticos y lamentablemente perduran ciertos vicios.

Desde que ocurrió el homicidio de Jonathan hubo pedidos de reclamos por cambios en el sistema de seguridad que contemplen los derechos humanos pero, por otro lado, también vecinos de La Falda expresaron estar cansados de de ser víctimas de los delincuentes, con lo cual sus discursos de alguna forma terminan avalando estos fatales desenlaces.

Parece ser que otra grieta avanza cuando hablamos de la seguridad y los derechos humanos, debería ser central a la hora de plantearnos cuál es la sociedad en la que queremos vivir, porque la realidad nos muestra que la in-seguridad se profundizará y deberemos tener en claro que permitiremos y que no permitiremos como comunidad.

Por último, para pensar, cuáles son los lugares que deberían intervenir cuando una persona presente un trastorno en salud mental como el del joven Romo, porque nuestro Hospital Municipal no tiene esa complejidad, de hecho hubo un caso donde el personal policial llevó a una mujer alcoholizada que terminó destruyendo parte de la sala de ingreso del nosocomio. Tampoco creo que las salas de dispensarios de otras localidades puedan dar respuestas, asimismo se viene denunciando el vaciamiento en el Santa María, por lo que es imprescindible saber con qué contamos realmente en un momento como el que sobrevino en la vida de Romo. ¿Seremos capaces de aprender o cambiar algo con lo sucedido? ¿Tenemos las herramientas para hacerle frente a este problema de las adicciones que sigue profundizándose? Estos y otros interrogantes surgen a partir de la muerte violenta en nuestra comisaria.

Karina Lucero