El rompecabezas de la política electoral


A los más avezados analistas de la política nacional les es, verdaderamente, una dificultad tratar de trasmitir con cierto grado de credibilidad lo que está aconteciendo en las diversas agrupaciones que dicen pretender participar en el próximo recambio gubernamental.

Ocurre en todos los niveles, sin excepción.

Tan es así, que podemos observar en el orden nacional que el frente que conduce el gobierno evade el adelanto de probables candidatos escudándose en que su responsabilidad no es la electoral sino la de solucionar los problemas de los argentinos, algo de lo que está lejos -por cuestiones propias y ajenas- y deja para más adelante lo que podrá ofrecer de acuerdo a las expectativas con la que entre en la recta final de este mandato. Tal vez, sea la que menos comprometida aparezca por el hecho mismo que depende de sus propios resultados de gestión, aunque las diferencias se plasman día a día o, mejor dicho, discurso tras discurso, y habrá que ver cómo llegan las tensiones a la hora de definir candidaturas.

La oposición centrada en Juntos por el Cambio adolece de un problema de origen, la Unión Cívica Radical es la columna vertebral de esa alianza y en la actualidad sostiene que la misma, en 2015, tuvo alcance electoral pero no gubernamental y que esto, en gran medida, devino en una baja participación en las decisiones de gobierno y con ello el no poder proseguir detentando el poder en 2019. La UCR, hoy, ha recuperado su poder de movilización, lógica, por cierto, ya que es la que puede mostrar poder, dirigencial y electivo, territorial, y, en función de ello, propone como precandidatos a Gerardo Morales, Facundo Manes, Alfredo Cornejo, Martín Lousteau, entre otros que podrían instalarse, pero con claras intenciones de diálogo y búsqueda de consenso.

Por su parte, el PRO transparenta un fuerte estado deliberativo interno, donde todo hace presumir que esa instancia podría provocar un cisma, ya que Mauricio Macri mantiene su intención de precandidatearse, tiene alguna conversación con Patricia Bulrich, la que también ha manifestado su intención de ser cabeza de lista, y habrá que esperar para saber si acuerdan. Los antes mencionados critican a Horacio Larreta, el Jefe de gobierno de la CABA, que hasta no hace mucho tiempo era el precandidato excluyente, y éste trata de generar un entramado apoyándose en los intendentes metropolitanos para mantener vivas sus intenciones. Sin dejar de lado a Elisa “Lilita” Carrió que ha dicho de que si no terminan con las “peleas de cabaret” va a ser candidata. De María Eugenia Vidal y Jorge Macri poco se habla y parece han quedado relegados a complementar a quien surja como mejor posicionado, ya sea del palo o de la UCR.

Si se pregunta por cómo reaccionarían los radicales si se intenta incluir a Javier Milei o José Luis Espert en la coalición, puede anticiparse que sería la razón para justificar el abandono del espacio.

Con este panorama, si los analistas hacen malabares para trasmitir un esbozo de la realidad política, figúrese cuál será el estado de confusión que albergarán los ciudadanos que tienen puestas sus esperanzas en mejorar sus condiciones de vida en el futuro cercano. Aunque, de forma casi inconcebible, una amplia mayoría cree que se producirá la desintegración de los grandes espacios y que esto dará lugar a nuevas conformaciones, con mixturas sorprendentemente alejadas de los encuadres ideológicos que han defendido en sus trayectorias históricas.

Como ejemplo de esto, pueden considerarse las declaraciones del legislador y, hasta hace poco, presidente del justicialismo provincial, Oscar González, quien declaró públicamente, hace tres semanas, que si Juan Schiaretti no formaba parte de una formula nacional, él votaría a (Horacio) Larreta.

Siguiendo en el orden provincial, en el mismo sentido, hay quienes hacen una lectura de las visitas de Gerardo Morales, Facundo Manes, Martín Lousteau, al gobernador Juan Schieretti, a punto tal de que estiman pueda existir una formula en la que confluyan peronismo y radicalismo. Es una lectura, pero no hay que dejar de lado que entró en las hipótesis para el caso en que el gobierno nacional defeccionara y hubiese que buscar una alternativa para preservar la institucionalidad.

Para el periodo 2023-2027 ya ha quedado instalado Martín LLaryora, actual intendente capitalino, como candidato a la gobernación por el oficialista Hacemos Por Córdoba, con la bendición de Juan Schiaretti. Por su parte, en las últimas horas, en conclave celebrado en Embalse, Carlos Caserio desde el Frente Peronista Cordobés llamaba a conformar listados propios, dejando en claro la imposibilidad de tener algún tipo de acuerdo con el gobernador o sus adláteres.

La oposición cordobesa en Juntos por el Cambio, en tanto, trata de mostrarse unificada, sus máximos referentes, Luis Juez y Rodrigo De Loredo, mantienen que la unidad no está en juego, pero la movida nacional de los radicales es muy fuerte y puede tener incidencia, a último momento, para nominar el candidato a gobernador y esto puede desestabilizar el espacio, que podría tener como componedor al precandidato del PRO, Gustavo Santos, aunque su peso especifico en lo electoral no alcanzaría para contener el conflicto, si este llegara a darse.

La composición de Juntos por el Cambio, en lo provincial, puede tener la debilidad apuntada, y en ello puede marcar precedente lo que ha acontecido en La Falda, primera elección para autoridades municipales que se dará en 2023, esto a tenor de que la interna que se disputará en los próximos días entre Javier Dieminger y Eduardo Arduh, ambos dirigentes de la UCR, por la candidatura a intendente, si bien será en el marco de la alianza, no es menos cierto que el Frente Cívico, cuyo máximo referente es Luis Juez, no la integra, no participará bajo el principio que no respalda ninguna interna y que no intervendrá en una interna radical. Tal situación, deja a Daniel Pino concejal que representaba a ese espacio en la actual conformación a intentar mantener su respaldo a la gestión Dieminger desde un posicionamiento personal y ya no partidario.

Lo expuesto, hace que haya quienes analicen que el riesgo es mayor, ya que planteado algún cuestionamiento a Juez en su candidatura a gobernador el resquicio que deja el antecedente faldense puede ser utilizado en contra de sus intereses.

Así las cosas, la realidad indica que no aparecen liderazgos excluyentes, electoralmente hablando, en cualquiera de los espacios como para poder imponer candidaturas y que, tal vez, habría que escuchar a los ciudadanos que manifiestan que todo está por verse y que podremos encontrarnos en el tránsito del proceso con alquimias que colindarán en lo sorprendente.

N.H.