El eterno retorno de lo “primitivo”


La llegada de Colón a América no sólo significó un hecho histórico de liminar importancia para la historia de la humanidad, sino que también implicó un cambio de características socio-antropológicas que gravitó y cambió de manera radical, el formato cultural tanto de los invadidos como de los invasores.

Lejos de ser un “Encuentro de Culturas” los acontecimientos que derivaron del mal llamado “Descubrimiento” marcaron el comienzo de una nueva etapa en la historia de la humanidad.

En esta nueva etapa, el signo distintivo fue la acumulación de capital por parte de las potencias coloniales e implicó un cambio de paradigma que ayudó y consolidó el cambio desde una estructura económica medieval y agraria hacia otro modelo basado en el desarrollo de las fuerzas productivas del capital a escala global. Este cambio, de características Civilizatorias, dibujó una nueva fisonomía global que cambió para siempre la suerte de cientos de millones de personas en todo el mundo; pero como la historia tiene siempre varias facetas, es necesario tener en cuenta que el avance irrefrenable de las potencias Europeas en el continente Americano estuvo jalonado y acompañado por cientos de años de resistencia de los pueblos originarios Americanos.

Si el primer viaje de Colón implicó el “descubrimiento” de una otredad impensada, pronto esa otredad fue pasible de desconocimiento, primero y exterminio inmediatamente. El relato construido por los conquistadores estaba constituido alrededor de la violencia “natural” de los “primitivos” violencia que tornaba imposible todo intento de convivencia pacífica o armoniosa. La destrucción de esa otredad, era entonces la única alternativa posible desde la óptica de los conquistadores.

Ese relato contribuyó a justificar la historia del control político y de la explotación económica sobre las poblaciones originarias devenidas en mano de obra esclava, con el objetivo de explotar los recursos naturales que América comenzaría a transferir a los países europeos.

Los hechos históricos no son construidos en el vacío. Desde un primer momento, los invasores construyeron una imagen negativa de esa otredad, tendiente a justificar el dominio de los conquistadores. Como se planteó más arriba, la resistencia de los pueblos originarios fue el factor común en los siglos posteriores a la conquista.

Desde esta perspectiva, nos interesa particularmente resaltar algunos hechos que se encuentran vinculados a nuestra historia general y a nuestro territorio más próximo en particular.

Aunque es imposible a los fines de ese artículo, detallar la multiplicidad de estas acciones resistentes, es importante destacar la temprana resistencia del pueblo Comechingon que en el año 1535, resistió el embate español hasta ser finalmente derrotada en Ongamira en nuestro Valle de Punilla. Estas acciones tienen una importancia fundamental, ya que la misma demuestra la temprana resistencia de los pueblos originarios ante el avance y la expropiación de sus tierras por parte de los invasores europeos.

Así como en Córdoba, múltiples fueron las resistencias de los Diaguitas en Santiago del Estero o de los pueblos calachaquies en el valle Tucumanos que le da nombre actualmente.

Pasados los primeros siglos de la conquista, estas resistencias se fueron ampliando y ya en el S. XVIII, se contabilizaron más de 150 rebeliones anticoloniales en los actuales territorios de Perú, Bolivia y del Norte Argentino.

Estas revueltas culminaron con la gran Rebelión liderada por Tupac Amarú y fueron la base sobre la cual se sedimento la lucha anticolonial que culminará con la independencia de nuestros actuales países del Reino de España.

Estos acontecimientos serán fundamentales para comprender los acontecimientos revolucionarios de 1810 y 1816.

Es decir, la revolución de Mayo, no es solo el efecto de una guerra en los países centrales entre España y Francia, sino que, por el contrario, es fruto de un contexto de luchas en tierra Americana donde la presión colonial por los impuestos resultó asfixiante así como el antecedente de siglos de explotación colonial de las masas indígenas.

Por otra parte, el contexto de la llamada “Gran Rebelión de Tupac Amaru” tiene su centro en Bolivia y Perú, pero es consecuencia de pequeñas y grandes revueltas que le dieron marco y acompañaron los sucesos que luego pudieron transformarse en grandes luchas y en acontecimientos nodales para la historia Americana.

De esta forma, cuando se constituyen los ejércitos libertadores, estos aprovecharan la vasta experiencia militar cosechada por los pueblos Americanos. Nuestros grandes próceres como Belgrano y San Martin, supieron sumar esta experiencia de lucha contra los Españoles; y fueron las poblaciones originarios quienes conformaron la masa crítica de esos ejércitos. “y si no, andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios”, supo decir San Martin en uno de sus más recordados bandos militares.

Este importante y fundamental aporte a la libertad de América, no se vio reflejado luego en medidas y reconocimiento por parte de los nuevos Estados Americanos al cortar sus lazos coloniales con España. Muy por el contrario, al construirse los nuevos Estados Nación en América, hacia finales del S. XIX, las nuevas oligarquías neocoloniales incorporaron a las masas indígenas sólo como mano de obra barata y/o esclava.

En nuestro País, esta experiencia histórica se da en el marco de la llamada “campaña del desierto” llevada adelante por el general Roca y acompañada luego por la campaña hacia el norte en el actual territorio Argentino.

Esta nueva sujeción de los pueblos originarios, desempolva los viejos prejuicios construidos por los conquistadores españoles.

Pueblos “violentos” y “primitivos” con los cuales no hay espacio para el dialogo ni para la convivencia. El exterminio de esa otredad es, nuevamente, el único camino posible de transitar.

De esta forma, una nueva otredad será constituida y con ella, esos pueblos quedarán al margen de la construcción de la ciudadanía Argentina.

Lo indígena será parte de un estigma y los que sobrevivieron a las campañas militares, serán mano de obra esclava para los emprendimientos productivos a través de los cuales el nuevo Estado Nación Argentino se incorporará, de forma subalterna, al mercado mundial capitalista.

Esta nueva sujeción, se verá acompañada por múltiples actos de explotación y violencia hacia nuestros pueblos originaros.

Esta situación que se prolonga hasta nuestros días, tiene hitos históricos importantes como la masacre de Napalpi ocurrida en el entonces territorio Nacional del Chaco en 1924, durante la presidencia de Alvear. En esta masacre (actualmente investigada en un “juicio por la verdad” en los tribunales Chaqueños) el Estado Argentino, a través de la Gendarmería, asesinó a centenares de personas pertenecientes a las etnias Qom y Moqoit.

Estos pueblos se encontraban confinados en las llamadas “reservaciones indígenas”, que en realidad constituían reservorios de mano de obra con el objeto de trabajar en la producción y cosecha del Algodón.

De esta forma, el Estado Nación Argentino continuó en el pasado y continúa en la actualidad desconociendo los derechos territoriales y culturales de esos pueblos y ubicándolos en el escalón más bajo de la pirámide social.

Por Dr. Carlos E. Martínez

Antropólogo