Cuidado con los extremos

Por Sebastián Tassart


Vivimos momentos de tensión. La acuciante crisis económica derivada de un proceso inflacionario ascendente, profundiza el deteriorado tejido y esmerila la estructura del sistema político de la Argentina. Hace tiempo, se observa un fenómeno de carácter global, que muestra la insatisfacción ciudadana ante la falta de soluciones concretas por parte de las democracias occidentales. El síntoma de dicho reclamo, se puede detectar en el surgimiento y crecimiento electoral de expresiones radicalizadas y extremas.

Algunas son de larga data, otras surgieron en los últimos años. El triunfo de Macron en Francia, trajo “tranquilidad” momentánea a Europa; no obstante, hay que tomar nota del incremento de votantes de Marine Le Pen, hecho fáctico al cual se suma el mayor nivel de abstención desde 1969; consecuentemente, el presidente francés está debilitado para su segundo mandato.

Los fenómenos globales no son aislados, excepto situaciones puntuales y especificas. Nuestro país, los recepta con mayor intensidad por la endémica fragilidad política, institucional, económica y social que padece. El cuestionamiento social excede a la dirigencia política, comprendiendo además a todo aquel sector que, desde la percepción del ciudadano común detenta alguna clase de “poder”. La furia del Alfredo Casero sirve de botón de muestra.

El abismo, no solo es económico. La economía es relevante desde el comienzo de los tiempos, sin embargo hubo sociedades pujantes que padecieron crisis de otros órdenes. La falta de respuesta, potenciada por la pandemia y la inflación mundiales, son caldo de cultivo para los extremismos ideológicos siempre latentes. Sociedades con instituciones fuertes, permiten acotarlos a expresiones minúsculas de carácter mesiánico.

El problema se potencia cuando las instituciones y sociedades presentan una marcada debilidad, como es el caso de Argentina. Se puede observar un crecimiento en la opinión pública de expresiones, que debieran estar erradicadas hace décadas, teniendo en cuenta que en 2023 nuestra democracia cumplirá cuarenta años ininterrumpidos.

Debilidad Institucional

Cada vez más argentinos descreen de las instituciones democráticas. La confianza en el gobierno –entendiendo a este por los 3 poderes del estado– disminuye sin pausa. Los papelones de éste y anteriores presidentes, se han naturalizado por una sociedad que dice “son todos chorros”, “no sirven para nada”, “lo único que les interesa es subir para robar”, entre muchas e incontables expresiones.

La sociedad tacha a senadores y diputados, como ñoquis de lujo, con excelentes sueldos y beneficios, que van a “pelearse” en público, sin embargo frente a leyes y posturas que los unifican sospechosamente, llevan a creer que las supuestas peleas representan un costoso espectáculo para “alegrar” a la “clientela” electoral que los ungió. Alguien sostuvo hace tiempo, que esa peleas eran “para la gilada”, entendiendo por tal a todos nosotros.

Respecto a la Justicia, la falta de sanción a poderosos y corruptos, con un ínfimo porcentaje de condenados, que luego de hacer cursos de tejido al crochet en la cárcel salen libres, tras beneficiarse de “la reducción de la reducción de la reducción de la condena original”; ni hablar de quienes han muerto amparados en la impunidad vitalicia de los fueros parlamentarios, pateando causas durante décadas mediante una catarata de recursos judiciales cuyo único fin es que nunca haya juicio, o si lo hubo con condena, demorar la sentencia firme hasta donde sea posible.

Debilidad Económica

Estamos en el Samba toda la vida. Para quién no lo conozca, es un juego de parque de diversiones consistente en una taza que te sacude de lo lindo durante 5 minutos. Traslade esa sensación, a décadas en la vida de la gente. Acá si vas por derecha no progresas; el sistema está hecho para evasores, vivos, tramposos y atorrantes. Quien lo sea de nacimiento está en su salsa. Quién no, sucumbe o se termina contagiando a la fuerza para poder sobrevivir.

La pobreza es crónica y a nadie le interesa resolverla, solo poner paliativos para evitar un estallido. Es como curar el cáncer con aspirinas. Parche sobre parche, nada más. Todos se llenan la boca hablando de que vienen a erradicarla y combatirla, pero en 40 años de democracia ha subido sin pausa. Una sociedad sin posibilidades de crecimiento y desarrollo está condenada a ser esclavizada por el clientelismo político y/o por los narcos.

Se destruyeron dos generaciones que no tienen cultura del trabajo y el esfuerzo; y la dirigencia solo vive pensando en cómo transcurrir 4 años, vendiendo humo para quedarse en el poder hasta donde puedan. Aplican “fuegos artificiales” sin implementar soluciones de fondo duraderas.

Cada actor –y son geniales como actores– tiene su propia “verdad revelada” o “receta infalible” y la que aplicó el que estuvo antes es la peor, y así pasan el tiempo echándose culpas a perpetuidad, en vez de abordar el tema con la seriedad y responsabilidad que requiere.

Debilidad Educativa

La degradación educativa en los últimos 30 años, desde Menem para aquí, condenó y condena a generaciones completas a un futuro de “excluidos profesionales”.

Sin educación no hay futuro social, ni posibilidad de inserción, menos aun de lograr movilidad social ascendente. El mundo avanza a una velocidad vertiginosa, y acá todavía discuten cuestiones anacrónicas.

Solo unos pocos privilegiados, acceden a educación de nivel. Siempre en directa relación con la capacidad económica de sus familias. Norberto Bobbio, sostuvo que para la izquierda las diferencias eran de carácter social, en tanto que para la derecha, las mismas eran de carácter natural. Esto guarda relación, en lo que algunos ilustres pensadores han plasmado como “darwinismo social”.

En nuestro país, gobiernos que se autotitulan de “izquierda”, merced a la desidia e incapacidad, fortalecen el concepto de Bobbio respecto a la “derecha”, dado que potencian el carácter de diferencias “naturales”; pues si desde el estado nada se hace para incluir y mejorar la calidad educativa de sus habitantes; por lógica perversa los mismos son empujados “natural” e inevitablemente a la inequidad. Hacer no es dar más planes, alimentando a una caterva de vivos que regentean los mismos como intermediadores entre los excluidos y los gobernantes, como metodología de política permanente; así nunca vamos a salir del pozo, solo cavamos en el mismo.

Educar al Soberano es hoy más necesario que nunca. Sin educación, no hay formación, sin formación no hay posibilidad de inserción, sin inserción el único camino es la exclusión. Ni más ni menos. No hay que ser Einstein para entenderlo.

Conclusión

Estas son las variables para conjugar la tormenta perfecta. Perfecta en cuanto a su conformación; pero terrible para el destino de nuestra sociedad. Una sociedad ignorante, en la cual el pensamiento concreto se impone al pensamiento abstracto, da lugar al fortalecimiento de las opciones extremas, que se nutren del fanatismo y los impulsos emocionales por sobre la racionalidad.

El hambre y la desigualdad no admiten el análisis lógico. Por el contrario, fortalecen las actitudes instintivas y emocionales. Caldo de cultivo para que los extremistas demagógicos puedan cosechar adhesiones mediante el voto. Cuidado, Hitler y Mussolini llegaron al poder por el voto de ciudadanías hartas de la falta de respuesta de los sistemas tradicionales; una vez en el poder, se transformaron primero en autócratas y luego en dictadores. No estoy diciendo que lo mismo pueda ocurrir aquí; sin embargo es mejor prevenir que curar.

Hasta la próxima.

Jorge Sebastian Tassart

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