CICLO TANGO CAFÉ 2022

SIMMONS & BURGOS: PIDIENDO PISTA

Por Néstor Pousa


El ciclo Tango Café que transcurre por los bares de La Falda como preámbulo a las noches de gala en el Anfiteatro Municipal, suele entregarnos momentos únicos e irrepetibles, como el que ocurrió la tarde noche del lunes 11 de julio en Frida & Marley Resto Bar con la presentación de Daniel Simmons. En la fecha inaugural del ciclo, el gran cantor nacido en La Falda, hoy radicado en Carlos Paz, ofreció un show íntimo de alta factura en un espacio colmado.

Con sensibilidad y su reconocida entrega Simmons maneja los tiempos, las palabras y las músicas para crear una ambiente propicio al espectáculo, que en su primera parte dio inicio con Prólogo para mi Argentina, Mi bandoneón y yo y Los cosos de al lao (encarnando como nadie el legado de Rubén Juárez). Para seguir con una gran versión de Sin lágrimas, Contame una historia y Volver. Reconocido hincha del Racing Club de Avellaneda, equipo que venía de imponerse en el clásico, Daniel repasó Se juega, esa particular metáfora de la indecisión entre dos grandes amores.

La segunda parte nos tenía reservada una sorpresa por afuera de la grilla. Un encuentro casual en los días previos con Horacio Burgos motivó la auto-invitación del notable guitarrista para venir a participar en algunas canciones. Y allí estaba este duende mandinga, en un rincón del salón, esperando su turno tras una humeante taza de café. Cuando Burgos se unió a Simmons en el pequeño escenario se produjo el hechizo. Se iban sugiriendo títulos y tonalidades: Por la vuelta, Fuimos, Rondando tu esquina. “¿Y ahora cuál? ¿María? dale, dale. arrancá”, susurraba Burgos. Y La casita de mis viejos, Los ejes de mi carreta, Mi vieja viola, para el cierre de un segmento que, por su propio peso, pide pista de escenario mayor.


“Cuando pasa esto, comenta Simmons entre tema y tema, no importa si cobraste diez mil dólares o un peso. Hay una conexión que no siempre se logra”. Y agregaría luego, a los poetas del tango no hay que cantarlos “bonito”, hay que sentirlos e interpretarlos.

En tanto Burgos, antes de abandonar el local, justificaba la vibra diciendo: “Tocar acá es como hacerlo en un tablao flamenco, porque este lugar, desde hace muchos años es como mi casa”.

A la noche le quedaba un bloque final con Mariposita y Tinta Roja, en un cierre “a todo Juárez”, para la certeza de que una vez más habíamos sido testigos de un instante único e irrepetible.

Cuando Simmons canta el tango

Se detienen los relojes

Espero nadie se enoje

Daniel, el más alto rango.

Ritmo que nació en el fango

Y al salón llegó triunfal

Con acordes de arrabal

En la madera cantora

Si está Burgos se avizora

Cuerda y voz fenomenal.

Especial para: Ecos de Punilla